Fontao, en el municipio de Vila de Cruces, es mucho más que una aldea gallega: es un símbolo de la historia minera de Galicia y un ejemplo de cómo la minería puede transformar y dar vida a un territorio durante más de un siglo. Desde su nacimiento a finales del siglo XIX hasta su conversión actual en espacio patrimonial y de memoria, Fontao resume la evolución de la minería gallega, sus retos, sus oportunidades y su potencial de futuro.

Fontao
Imagen: Buxa_Asociación Galega do Patrimonio Industrial

De aldea rural a enclave industrial

La historia moderna de Fontao comienza entre 1886 y 1888, cuando el británico Henry Winter Burbury impulsa la explotación minera en la comarca. Lo que hasta entonces era una pequeña localidad rural se convierte, en pocos años, en uno de los núcleos industriales más importantes de Galicia. Durante su apogeo, especialmente entre 1940 y 1944, las minas de Fontao llegaron a emplear a unos 3.000 trabajadores, transformando radicalmente la economía, la demografía y la vida social de la zona.

El auge minero trajo consigo no solo el desarrollo económico, sino también una profunda transformación urbanística y cultural: se construyeron viviendas, escuelas, una capilla, un cine y comercios, formando un auténtico poblado minero que aún hoy conserva buena parte de sus infraestructuras originales.

Minerales estratégicos y relevancia geopolítica

Fontao fue célebre por la extracción de dos minerales clave: el estaño y, sobre todo, el wolframio. Este último, por sus propiedades únicas, se convirtió en un recurso estratégico durante la Segunda Guerra Mundial. Galicia, y en particular Fontao, fue codiciada tanto por británicos como por alemanes, siendo el wolframio gallego exportado principalmente a Europa y destinado tanto al esfuerzo de guerra aliado como al armamento de la Alemania nazi.

El contexto internacional marcó la vida del pueblo: en los años 40, más de 800 presos políticos de la Guerra Civil fueron obligados a trabajar en las minas, mientras la fiebre del wolframio atraía a buscadores, comerciantes y aventureros de toda condición, generando un ambiente único, con elementos propios de novela: estraperlo, fortunas rápidas, tabernas y celebraciones en medio de la posguerra.

Modernización, resiliencia y cierre

A diferencia de otras explotaciones gallegas, Fontao supo resistir las fluctuaciones del mercado gracias a una gestión empresarial innovadora y una apuesta continua por la modernización tecnológica. Esto permitió a la mina mantenerse operativa casi sin interrupciones desde 1888 hasta 1963 (con cierre definitivo de galerías en 1963 y del conjunto en 1974). Incluso en los años en que los precios del estaño y el wolframio caían, la mina de Fontao logró seguir siendo viable, mostrando una resiliencia poco común en el sector.

Patrimonio minero excepcional y oportunidad de futuro

Tras el cierre, Fontao vivió décadas de abandono, pero su legado siguió vivo en la memoria colectiva y en el paisaje. Hoy, el poblado minero conserva tres bocaminas, galerías e instalaciones minero-metalúrgicas en excelente estado, lo que representa una oportunidad única para la recuperación patrimonial y el desarrollo de un turismo minero de calidad. Destaca como en el caso de Fontao, nos encontramos en la misma zona todos los pasos de la cadena de producción del wolframio metálico, desde las minas para su extracción, instalaciones de refino, y fundiciones de producto final, hasta las instalaciones auxiliares y sociales inherentes a los proyectos mineros de la época, como puede ser el poblado minero.

Desde 2012, Vila de Cruces viene impulsando la recuperación del legado de Fontao, mediante el Museo de la Minería, ubicado en edificios históricos del poblado. El museo cuenta con espacios accesibles, auditorio, cafetería, tienda y un museo exterior con piezas de gran tamaño, y actualmente nos encontramos con una excelente oportunidad para convertirlo en un referente local y regional, mediante un nuevo impulso. Su localización estratégica, en el centro geográfico de Galicia y cerca de los principales núcleos urbanos y del norte de Portugal, refuerza su potencial como destino cultural y educativo.

Actualmente, el concello lidera una ambiciosa iniciativa para convertir Fontao en un parque minero europeo, que combine la conservación patrimonial, el turismo de calidad y la educación en sostenibilidad. Este proyecto requerirá la colaboración de administraciones, empresas y sociedad civil, y supone una oportunidad para que Galicia vuelva a situarse a la vanguardia de la valorización del patrimonio minero.

Un modelo para la minería sostenible

Fontao es un ejemplo de cómo la minería puede ser motor de desarrollo, innovación y adaptación. La buena gestión empresarial, la modernización tecnológica y la capacidad de resistencia ante los vaivenes del mercado permitieron a Fontao sobrevivir casi un siglo. Su transformación en patrimonio cultural y turístico demuestra que la minería y la sostenibilidad no solo son compatibles, sino que pueden formar parte de una visión regenerativa: del aprovechamiento extractivo a la creación de valor a través del patrimonio, el turismo y la educación.

En el contexto actual, donde Galicia vuelve a posicionarse como productora de minerales críticos para la transición energética y tecnológica, la experiencia de Fontao legitima y aporta valiosas lecciones para los nuevos proyectos mineros, mostrando que el cierre responsable y la puesta en valor del legado histórico son elementos clave de una minería verdaderamente sostenible.