La historia minera de Galicia está tejida de episodios en los que la geología local se convierte, a veces de manera inesperada, en protagonista de la economía y la geopolítica internacional. Entre todos los minerales extraídos en la comunidad, el antimonio es probablemente uno de los más desconocidos por el gran público, pese a que durante buena parte del siglo XX Galicia fue el principal productor nacional y un actor relevante en su cadena de suministro global.
La mina de Vilarbacú, en Quiroga (Lugo), concentra este legado: un mineral estratégico, un auge industrial impulsado por las guerras mundiales y, hoy en día, todo un ejemplo de cómo la memoria minera puede integrarse en el patrimonio y el turismo sostenible.

Ruinas de construcciones que formaban parte de la antigua explotación minera. Imagen: Carlos Rueda vía La Voz de Galicia
Vilarbacú: auge, innovación y declive de un mineral de guerra
El antimonio fue durante décadas un mineral clave para la industria europea. Su principal aplicación era endurecer el plomo y el estaño, lo que lo hacía imprescindible en la fabricación de municiones, piezas de artillería y armaduras. Esta propiedad lo convirtió en un recurso estratégico en momentos de conflicto, disparando su demanda durante la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.
La explotación de la mina de Vilarbacú comenzó en 1896, en un contexto de creciente demanda industrial en toda Europa. En su apogeo, especialmente entre 1915 y 1918, la mina llegó a producir hasta 400 toneladas anuales de antimonio y a emplear a cerca de 150 trabajadores, incluidas 16 mujeres encargadas del lavado del mineral. El mineral, principalmente estibina (sulfuro de antimonio, Sb2S3), se extraía en túneles y cortas a cielo abierto, y se transportaba desde la estación de San Clodio (Ribas de Sil) en tren hasta el puerto de Vigo, embarcándose rumbo a Barcelona y Bilbao para su transformación en aleaciones militares.
Tras la Primera Guerra Mundial, la demanda cayó en picado, y la mina sobrevivió a base de técnicas rudimentarias, bajos rendimientos y contrabando hacia Portugal. Sin embargo, los conflictos internacionales volvieron a situar a Galicia en el centro del tablero: durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, la mina vivió un segundo periodo de esplendor. La gestión por parte de una empresa vasca introdujo innovaciones tecnológicas, como la concentración por flotación y hornos de oxidación, que permitieron mantener la producción (en torno a 270 toneladas anuales) y mejorar la calidad del producto.
Sin embargo, el fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo la caída de la demanda de municiones, el agotamiento progresivo de las reservas y el aumento de los costes de transporte, factores que llevaron al cierre definitivo en 1958.
Del olvido al patrimonio: la Ruta de las Minas de Vilarbacú y la integración en el Courel
Tras su cierre, la mina de Vilarbacú quedó en silencio. Sin embargo, lejos de desaparecer, su legado se ha convertido en recurso turístico, educativo y cultural. Hoy, los vestigios de la explotación, como los túneles, hornos, escombreras, lavaderos y la emblemática Casa de las Minas, forman parte de la Ruta de las Minas de Vilarbacú. Se trata de un sendero circular de 8,5 km que permite a los visitantes recorrer el entorno geológico y minero, disfrutar de vistas panorámicas de la sierra de O Courel, Ancares y Las Médulas, y comprender el impacto que la minería tuvo en el paisaje y la economía local.
La mina de Vilarbacú no solo es patrimonio industrial; es también memoria viva de la evolución social y económica de Galicia. Empleó a generaciones de trabajadores, impulsó la innovación tecnológica y marcó la vida de la comarca de Quiroga, que hoy integra este legado en su oferta de geoturismo. El conjunto minero está integrado en el Geoparque Mundial Montañas do Courel (UNESCO) y en la sala de minería del Museo Geológico de Quiroga, donde se contextualiza la importancia del antimonio junto a otros recursos estratégicos gallegos como el oro, el hierro, la pizarra y la cal.
La transformación de Vilarbacú en recurso turístico y educativo es ejemplo de economía circular aplicada al territorio: en vez de abandonar el espacio tras el agotamiento del mineral, se le da un nuevo valor, generando oportunidades para la educación, la investigación y la dinamización económica local.
Lecciones para la minería sostenible en Galicia
La experiencia de Vilarbacú ofrece enseñanzas clave para el presente y el futuro de la minería gallega, ya que es un ejemplo idóneo de cómo el cierre responsable, la integración en geoparques y la conversión en patrimonio pueden prolongar el valor del recurso mucho más allá de la fase extractiva.
Para los nuevos proyectos mineros gallegos, la historia de Vilarbacú es una invitación a planificar el cierre desde el inicio, a integrar la restauración ambiental en la explotación, a considerar la transformación posterior en recurso educativo y turístico y a generar empleo y riqueza sostenible para el territorio.
Así, la minería de antimonio en Galicia recuerda que los minerales estratégicos son finitos, pero el valor añadido de su memoria, su patrimonio y su capacidad de inspirar innovación y sostenibilidad pueden perdurar indefinidamente.


